Repercusiones del Foro de Comunicación de la Ciencia

Foro de Comunicación de la cienciaDurante los días 17 y 18 de mayo se celebró en el Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado (CNEA), el Foro de Comunicación de la Ciencia.

Dos jornadas en las que se debatieron diferentes aspectos relacionados con la comunicación científica, y se expusieron experiencias en materia de divulgación del quehacer científico-técnico de las provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo.

En su segunda edición (la anterior bajo el nombre de Taller de Comunicación y Divulgación científica: una mirada desde los centros de investigación), el Foro despertó mucho interés por parte de los participantes quienes abogan por una continuidad y extensión de la experiencia, como espacio necesario para la reflexión sobre esta temática.

Estas son algunas de las repercusiones que en diferentes sitios han tenido las sesiones del Foro:

La Emisora provincial de radio CMKC, recogía en un trabajo periodístico la primera jornada del evento indicando que “el proceso de divulgación científica no puede ser un oficio menor, coinciden en señalar así los participantes en el Segundo Foro de Comunicación de las Ciencias, que se desarrolla en la ciudad de Santiago de Cuba bajo los auspicios del Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado ‘CNEA’, ubicado en la Universidad de Oriente.”

La periodista CaryFerriol, señalaba igualmente algunos de las ponencias presentadas durante el Foro y cita al Lic. Noel Pérez García, especialista en Comunicación y Promoción de la ciencia del CNEA cuando dice “ hoy se aboga en el mundo completo, no solamente en Cuba, porque la humanidad esté cultivada científicamente, que sea capaz de no solo asimilar una tecnología, sino también de modificarla, criticarla, dudar de ella, y para ello se necesita una cultura científica que emane de los propios centros donde se crea la ciencia.”

Por su parte, el joven periodista José Roberto Loo Vázquez, en el Portal de la ciencia cubana recoge algunas de las intervenciones realizadas por los participantes del Foro para destacar algunas ideas respecto a la sustentabilidad de la ciencia, sus retos y desafíos. En este mismo sitio se recoge una amplia muestra fotográfica sobre las sesiones del evento.

El sitio web de la televisión santiaguera también se hace eco de las jornadas y los debates del Foro de Comunicación de la Ciencia.

El Foro quedó clausurado en la tarde de este viernes 18 de mayo, y su actividad final la celebró en la peña cultural “Desempolvando”, espacio que acoge el Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba y cuyas experiencias en la divulgación científica fueron presentadas durante las jornadas del evento.

Magia, pseudociencia y ciencia. (IV y final)

Magia, pseudociencia y ciencia.
Una reflexión desde la Neurobiología (IV Parte)

Por DrC. Jorge A. Bergado Rosado y DrC. William Almaguer Melián (Centro Internacional de Restauración Neurológica, CIREN)
Ciencia y pseudociencia
El hombre moderno y civilizado, cree en la ciencia y confía en ella, y aunque no por eso deja de creer en otras cosas, su visión del mundo se apega cada vez más a las interpretaciones que ofrece la ciencia moderna.
Obnubilados y timadores siempre han existido. Cualquiera puede, lleno de ingenua buena fe o con execrable ánimo de lucro, construir hipótesis descabelladas o aplicar terapias y tratamientos inoperantes. Solo que hoy en día, para lograr una mayor credibilidad, han debido disfrazarlos de ciencia. Surge así un fenómeno de nuestro tiempo: la pseudociencia, algo que parece ciencia, pero no lo es. Basta con que alguna vez, por azar, parezca que funciona; ese acontecer fortuito será disfrazado de hecho científico y adornado con palabras, poderosas palabras -como energía-, y nos será ofrecido como solución efectiva a problemas reales.
Cuando digo que parezca funcionar quiero decir exactamente eso, que ofrezca al menos la apariencia de que puede funcionar. Lo que un científico hace es probar experimentalmente si funciona o no; lo que el pseudocientífico hace es retar al crítico y decirle: “Demuestra que no es cierto”, escamoteando con malas artes que su deber primero e intransferible sería aportar las pruebas, los hechos comprobados, que demuestren lo que afirma. Quien propone una verdad tiene la obligación de demostrarla, y no al revés.
La sociedad capitalista moderna sufre de males raigales y terribles. La explotación despiadada de seres humanos y recursos naturales genera tragedias enormes y tiene al mundo al borde de una catástrofe ecológica devastadora. Algunos profetas acusan a la Ciencia de ser culpable de este entuerto, lo cual además de injusto, es falso. La Ciencia es conocimiento y el conocimiento es poder. Usarlo razonablemente, usarlo solidariamente, usarlo sabiamente, es algo que la sociedad capitalista no ha sabido y nunca sabrá hacer, a menos que renuncie a sus esencias consumistas, egoístas y derrochadoras.
Nuestra sociedad se debate en un mundo lleno de problemas, crisis y amenazas aparentemente sin solución. La caída del socialismo europeo parece habernos dejado sin esperanzas de un futuro mejor para todos. Nosotros, y muchos como nosotros, creemos que eso no es cierto, pero de momento, la realidad percibida por una buena parte de la humanidad es bastante pesimista, por no decir apocalíptica.
En tiempos así los hombres se debaten, las ideologías se derrumban y se alzan y se renuevan. Aparecen, se nos proponen y se nos venden, todo tipo de soluciones, todo tipo de refugios, todo tipo de líderes, todo tipo de Mesías. Son tiempos de incertidumbre y búsqueda, una aparente vuelta atrás en la espiral de la evolución.
Profetas, farsantes y lunáticos preconizan el fin de la Ciencia, el cambio de paradigma, la vuelta al pasado, las medicinas antiguas y las terapias místicas. Los seres humanos, confiados y crédulos, buscan asideros y consuelos. Surgen o resurgen engendros en forma de pseudociencia o religión, o ceremonias mágicas, o ritos ocultistas, reunidos malsanamente.
Las predicciones astrológicas ocupan espacios inauditos en los medios de prensa, conjuntamente con dietas mágicas que nos convertirán en Venuses y Adonis. La gente regresa a los antiguos cultos, y adquieren fuerza y popularidad teologías relegadas, desde el Espiritismo a la Teosofía; incluso aparecen nuevas religiones como la Cienciología, creada por un escritor de ciencia ficción en los Estados Unidos y que cuenta entre sus adeptos a populares estrellas de Hollywood.
Curadores y espiritualistas difunden el Reiki y el Feng shui, la imposición de manos y la radiestesia y hasta algunos médicos aceptan y recomiendan viejos métodos de curación con respaldo científico pobre o ausente, como la homeopatía y la terapia floral, que no tienen nada que ver con el tradicional uso de las plantas en tisanas o cocimientos para aliviar determinadas dolencias.
El hombre imaginativo, confiado y gregario, tiene premisas biológicas que lo predisponen a la credulidad. Pocas repeticiones, aislados aciertos azarosos, bastan para darles fuerza y sustento. Nuestro cerebro predictor no necesita muchas repeticiones y adquirir un pensamiento científico no es algo sencillo, pues requiere de un entrenamiento riguroso y largo.
A modo de conclusiones
Al presentar estos argumentos no lanzamos el anatema fatalista de que el hombre está biológicamente condenado per secula seculorum a ser supersticioso. La evolución de la cultura humana y el desarrollo de la Ciencia nos han dotado de un método poderoso y sencillo (al menos conceptualmente) para distinguir entre ilusión y realidad.
La evolución cultural de la humanidad es un proceso complejo, pero con más avances que retrocesos. Magos, brujos, sacerdotes y científicos, son escalones dentro de ese proceso, que se suceden unos a otros, pero que también pueden coexistir y de hecho lo hacen distintas formas de pensamiento y de entender el mundo. Si primero fue desplazada la magia por la religión y luego esta por una cosmovisión científica, esos desplazamientos no han significado la extinción de las anteriores; en la sociedad viva está toda la historia del pensamiento humano.
Hay que reconocer que la sociedad no evoluciona in toto, y que en cualquier etapa del desarrollo subsisten y persisten todas las formas anteriores de su evolución. Los pseudocientificos, en la más benévola de las consideraciones, lideran un amotinamiento contra la ciencia desde el pensamiento anterior a la ciencia.
El pensamiento científico es el logro más alto de la cultura humana, nada compite con él, nada se le aproxima, ni siquiera la 9na. Sinfonía de Beethoven. Aprender a pensar científicamente es aprender a vivir y actuar de otra manera, pero vale la pena. El universo, el mundo, la vida, son maravillas tan espléndidas que no hace falta aderezarlas con espectros.
Bibliografía Consultada
Llinás, R.: El cerebro y el mito del yo. Editorial Norma. Bogotá 2003
Frazer, G.: La Rama Dorada. Magia y Religión. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009
Kandel, E.R, Schwartz, J.H. y Jessell, T.M.: Principles of Neural Science. 4ta Ed. McGraw-Hill, New York, 2000
Agradecimientos
Los autores agradecen al Prof. Ivan Izquierdo de la Universidad Federal de Río Grande de Sur (Brasil) y al Prof. Luis C. Silva del Centro Nacional de Información Científica sus comentarios, críticas y sugerencias al presente trabajo. También agradecemos el estímulo recibido de otros colegas consultados para perseverar en este empeño.

Magia, pseudociencia y ciencia (III)

Magia, pseudociencia y ciencia.
Una reflexión desde la Neurobiología (III Parte)

Por DrC. Jorge A. Bergado Rosado y DrC. William Almaguer Melián (Centro Internacional de Restauración Neurológica, CIREN)
Hombre, sociedad, magia y religión
El hombre biológico posee una imaginación poderosa y es gregario. El gregarismo se construye sobre bases de confianza; confianza en los otros miembros del grupo, horda, tribu, nación o estado. Aunque muchas personas hoy día reniegan de la confianza, lo cierto es que aún hoy, nuestra existencia en sociedad se basa en la confianza mutua. Confiamos en el conductor del ómnibus que nos lleva al trabajo, en el panadero que elabora el pan nuestro de cada día, en el médico que nos prescribe un tratamiento… Son solo ejemplos, la lista sería demasiado extensa.
De modo que nuestro imaginativo y gregario hombre biológico se sociabiliza con otros en quienes confía y además ¡habla!
La palabra es, sin dudas, la herramienta más útil y el arma más poderosa inventada por el hombre. La palabra permite coordinar acciones, describir lo existente, pero también lo imaginario. Es también una vía para conservar y hacer durar una forma nueva de herencia sin parangón biológico: la herencia cultural.
Así pues el hombre, en su vida social, ha añadido nuevas formas de aprender y de establecer asociaciones a partir del lenguaje. Indudablemente, el lenguaje puede sustituir la experiencia más o menos eficazmente según la “labia” y el poder histriónico de nuestro interlocutor.
Escuchar la narración de dolores terribles no duele, pero funciona perfectamente para el establecimiento de asociaciones; basta con imaginarlo, lo cual es extremadamente útil. No todo el mundo tiene que aprender por experiencia propia lo peligroso que es introducir objetos metálicos en una toma de corriente. A esto llamamos aprendizaje preceptivo que consiste, básicamente, en aprender de la experiencia de otros, transmitida por la narración oral; una información en la cual confiamos.
El hombre social y primitivo tenía dudas, temores y necesidades. Magia y religión surgen y evolucionan de la combinación de todas estas cualidades y de todos estos peligros y preguntas. La primera es un intento de manipular la naturaleza, la segunda un intento de comprenderla.
La creencia en la magia se fundamenta en una asociación imaginada entre fenómenos naturales, o entre estos y acciones humanes. En muchos casos la acción humana remeda una acción natural que se asocia con el fin deseado, como ocurre en lo que Frazer define como magia homeopática. El trueno se asocia a la lluvia, el tronar de un tambor mimetiza la acción del trueno y debe, por tanto, hacer llover.
El inventario de ceremonias mágicas que han existido a lo largo de la historia humana es enorme. Cada pueblo y cada cultura las tuvieron. Simples o complejas, ingenuas o sofisticadas, inocentes o crueles hasta el sacrificio humano. La magia fue un recurso primitivo y, las más de las veces, fallido; eso la hizo ceder en primacía a la sumisión ante imaginarios, etéreos y poderosos seres: espíritus y dioses. Ceder no significa desaparecer. Sorprende hoy constatar que las prácticas mágicas siguen siendo en nuestra moderna y civilizada sociedad un recurso empleado por millones de personas -en todo el mundo- para obtener el bien para sí y los suyos o el mal para sus enemigos.
No excluimos, por supuesto, a nuestro país, donde florece la hechicería asociada fundamental, aunque no exclusivamente, con los cultos africanos. La larga vida de la magia es una muestra de la fuerza de las asociaciones, aún de las que nos llegan por vía indirecta. Tienen poderes de hechizo esas anécdotas que se narran ponderando la efectividad de prácticas mágicas y conjuros. Los fracasos, las predicciones no cumplidas y los ensalmos fallidos se olvidan, se pasan por alto ante el ocasional y aparente éxito de algunos intentos. Por eso la magia pervive a pesar de sus reiterados fracasos. La magia es primitiva, pero es expresión del afán del hombre por encontrar vías útiles para poner las cosas del mundo y la naturaleza a su favor y servicio.
La imaginación del hombre es poderosa, mucho más que los fracasos. Este inventó un espíritu para sí, y lo extendió a otros seres vivos e inanimados, dando así origen a la pléyade de ánimas que repletan los panteones totémicos primigenios. Incapaz de dirigir a su antojo a las fuerzas naturales, la rendición llega en la religión. En lugar de exigir, suplica. Y los espíritus se transforman en dioses que se van sublimando en un dilatado proceso de depuración intelectual hasta convertirse en monopólicos seres eternos y todopoderosos, sin rostro ni cuerpo, etéreos y omnipresentes, insondables en sus propósitos y omnisapientes.
Los dioses fueron hipótesis colosales, y más que eso: fueron herramientas sustitutivas de las ineficaces ceremonias mágicas. La religión, vista en una perspectiva histórica, fue la claudicación de los hombres ante sus propias creaciones y dominó la vida y la cultura europeas durante la larga noche intelectual del medioevo.
Los dioses compartidos fueron también elementos de unión de las sociedades humanas primitivas y, por ese camino, llegaron a ser herramientas de enorme valor para justificar la explotación de unos hombres por otros en las sociedades clasistas, desde su inicio hasta hoy.

Magia, pseudociencia y ciencia. (II)

Magia, pseudociencia y ciencia.
Una reflexión desde la Neurobiología (II Parte)

Por DrC. Jorge A. Bergado Rosado y DrC. William Almaguer Melián (Centro Internacional de Restauración Neurológica, CIREN)
El pensamiento científico es el cenit de la cultura humana
La Ciencia es un método valioso y útil, aunque no infalible, de poner a prueba las asociaciones que el pensamiento y la experiencia nos sugieren. Es decir, nuestras hipótesis. El experimento científico es la vía para comprobar si esa asociación imaginada es real y obedece a una relación causa-efecto (causal), o si se trata de una relación fortuita (casual). Las relaciones comprobadas por la experiencia son hechos, hechos científicos y una buena parte de la labor cotidiana del investigador es obtener evidencia confiable sobre la realidad de relaciones supuestas. O sea, establecer hechos científicos. Los hechos científicos convierten a la hipótesis en tesis, estas permiten la elaboración de teorías científicas, concatenaciones de ideas que aspiran a interpretar, del modo más simple posible, los hechos comprobados.
Las teorías científicas no son inmutables. Cuando nuevos hechos probados lo hagan necesario, las teorías se renuevan, se modifican o se sustituyen. Las teorías más sólidas y comprobadas se consideran leyes de la naturaleza, lo que tampoco concede perdurabilidad eterna.
La ciencia no es un dogma. No se impone, nada en ella es inmutable, nada en ella tiene pasaporte a la eternidad. Los científicos serios comparten este credo, pero también comparten su escepticismo, su duda metodológica, para aceptar como un hecho algo que no haya sido probado rigurosamente mediante la experimentación, empleando métodos y diseños apropiados. La ciencia no es, por tanto, un sistema cerrado, pero tampoco tan abierto como para aceptar como verdadera cualquier especulación seductora que no haya sido suficientemente probada.
Así hemos progresado. En poco tiempo, apenas cuatro siglos, la nueva Ciencia, armada de esta herramienta metodológica, construyó un colosal monumento intelectual: el de la Ciencia Moderna, donde la física se articula con la química, y ambas con la biología, que no requiere ya de fuerzas vitales, ni demiurgos, ni otros espectros porque es un proceso físico y químico.
La Ciencia Moderna permite viajar, sin solución de continuidad, desde el átomo hasta el organismo, desde la partícula subatómica hasta el universo. Puede que alguna pieza, de momento no encaje, pero ¿en qué disminuye un ladrillo rajado la magnificencia de una catedral?
Con la ciencia hemos construido máquinas y herramientas, hemos entendido las bases de la vida e interpretado innumerables enfermedades y las hemos prevenido y curado. La ciencia nos ha permitido comprender la naturaleza, y las aplicaciones de la ciencia (lo que llamamos tecnología) ponerla a nuestro servicio, aunque hoy la misma ciencia nos ayuda a comprender que no se trata de dominarla, sino de convivir con ella en armonía.
El cerebro predictor, la magia y la religión
Pero el pensamiento científico no es intuitivo, ni innato. Pensar y actuar científicamente no forman parte del acervo biológico de ninguna especie animal, sin excluir al hombre. Sin embargo, el hombre y los animales sí necesitan encontrar asociaciones útiles entre eventos externos, o entre acciones suyas y la ocurrencia de acontecimientos significativos para orientar más adecuadamente su conducta, sobrevivir y reproducirse. El Sistema Nervioso debe ser, más que un órgano de respuestas reflejas, un predictor eficiente que, en lugar de reaccionar ante los estímulos, los anticipe.
Las plantas no tienen sistema nervioso, no lo necesitan. Los animales de vida sésil poseen sistemas muy primitivos de respuesta, pero su modo de vida no requiere una función predictiva. Viven donde se asientan y su medio es relativamente estable. Por el contrario, para los animales que se desplazan, la predicción es fundamental. Solo así pueden sobrevivir y reproducirse eficazmente en un medio cambiante en el cual no solo existen, también se trasladan.
Los animales, aun los más primitivos, comparten con nosotros la capacidad del aprendizaje asociativo y lo que es más, los mecanismos moleculares que la sustentan tienen notables semejanzas en unos y otros. Nada tampoco tan sorprendente: la evolución conserva los mecanismos efectivos.
El aprendizaje asociativo es fundamental para las funciones predictivas del sistema nervioso. Según la teoría pavloviana del reflejo condicionado, el estímulo condicionado adquiere entonces la función de indicador o señal de que un acontecimiento relevante está por ocurrir y debe actuarse previsora y anticipadamente.
Otra característica común del aprendizaje asociativo en hombres y animales es que la relación predictiva, para que tenga real valor adaptativo, debe establecerse con el menor número posible de repeticiones. Ante un alimento desconocido, una rata comerá un poco de este. Si en las horas siguientes manifiesta síntomas de envenenamiento o intoxicación, no comerá jamás de ese alimento nuevamente. Un niño introduce una barrita metálica de su juguete en la ranura de una toma de corriente y recibe una descarga eléctrica que lo sacude. Nunca más volverá a hacerlo. Solo así es útil: pocas repeticiones. Si el niño para aprender que no debe introducir objetos en los tomas de corriente necesitara repetir la acción muchas veces pondría su vida en gran peligro. Aprender con un requerimiento mínimo de repeticiones, de lo contrario no sería efectivo ni útil.
La contrapartida negativa es que la probabilidad de establecer relaciones falsas entre eventos no vinculados causalmente y creer que una simple coincidencia encierra una relación que no existe, es bastante alta. El alimento que probó la rata y los signos de intoxicación que siente después pueden no estar relacionados. Un investigador inyectó a la ingenua rata una pequeña dosis de cloruro de litio que produce síntomas leves de envenenamiento. El alimento nuevo no encerraba ningún peligro, pero la rata no volverá a probarlo jamás. Ante las alternativas de morir joven por lerdo o morir de viejo creyendo en algo falso, la selección natural, obviamente, privilegió la segunda. El resultado es lo que podríamos considerar una mentira piadosa biológica.
Un ejemplo sorprendente de estas falsas asociaciones fue el resultado de estudios de conducta en palomas, realizados por el psicólogo norteamericano B.F. Skinner en los albores de la Psicología Conductual. Las palomas fueron entrenadas a recibir una recompensa, alimento, cuando presionaban un botón con el pico. Lo que se ha dado en llamar condicionamiento operante: hago esto y sucede aquello. De repente, la acción dejó de producir la recompensa (por decisión, claro está, del investigador).
En estas condiciones la respuesta se extingue, es decir, luego de varios intentos sin recompensa, la paloma deja de presionar sobre el botón, algo también muy útil para evitar la perseveración de acciones que han perdido su valor. Pero ¿qué sucede si de pronto, el aparato comienza a dar recompensas al azar? Curiosamente la paloma comienza a asociar acciones propias con la recompensa. Por ejemplo, si de modo casual ocurre que poco antes de que se presente la comida la paloma volteó la cabeza a la izquierda, bastará que ambas acciones coincidan solo un par de veces para que la paloma comience a voltear reiteradamente la cabeza en el intento de obtener la recompensa. Skinner llamó a este fenómeno “superstición conductual”.
Los mismos principios pueden conducir a las personas a establecer relaciones falsas. Si a Ud. le duele el estómago por un resfriado transitorio y un buen vecino le ofrece una tisana de hierba de guinea y poco después su dolor se alivia, quedará Ud. convencido, de una vez y para siempre, que el cocimiento de hierba de guinea alivia los dolores de vientre. El mecanismo es fuerte y funciona lo mismo para el más primitivo hombre de Cromañón que para el más docto profesor universitario.
Nótese que en todos los casos lo fundamental y decisivo es que la asociación funcione, o parezca funcionar. Obviamente, ni la paloma ni la rata intentan explicar por qué esa comida es dañina o por qué oprimir el botón dispensa un bolo de alimento. El hombre tal vez lo intente, puede que incluso lo necesite, pero no es imprescindible; las apariencias pueden ser, y con frecuencia lo son, más convincentes.
El agricultor primitivo no podía entender por qué la luna influía en sus cosechas; al profesor universitario quizás le gustaría conocer qué hay en la hierba de guinea que le hizo mejorar, pero no saberlo no le restará confianza en su “cocimientito”. Puede que ese mismo profesor, siendo muy racional y crítico considere otras opciones posibles: sus mecanismos fisiológicos de defensa estaban actuando y es a ellos a quienes debe su curación; es más, puede que la hierba de guinea lejos de curarle haya retardado el proceso ya en marcha, pero la impronta de la asociación cocimiento-mejoría se quedará por siempre en su memoria.
Cuando estas asociaciones se hacen muy fuertes, se convierten en convicciones, algo en lo que se cree, un motivo de fe. La fe parece un atributo esencialmente humano aunque también aquí podemos encontrar antecedentes en el mundo animal.
Un modelo de aprendizaje, muy empleado en roedores de laboratorio, consiste en ponerlos dentro de una piscina circular llena de agua fría (digamos 21 grados centígrados) que tiene oculta bajo la superficie una plataforma que no puede ver, pero que le permite a la rata escapar del agua. Las ratas son excelentes nadadoras, pero detestan el agua fría, de modo que si mantenemos la plataforma siempre en el mismo lugar y existen puntos de referencia estables que le permiten orientarse adecuadamente en el espacio (es decir, mientras juguemos limpio) ellas aprenderán, en pocas repeticiones, a localizar la plataforma y escapar del agua. Una maniobra importante para medir la fuerza del trazo de memoria que se forma en el cerebro del animal consiste en realizar una última prueba en la cual se retira la plataforma y se mide la cantidad de veces que el animal cruza por el sitio donde aquella había estado (es la parte en que jugamos sucio).
Las ratas que han aprendido bien pasan varias veces por ese lugar. Pasan y de inmediato se dan vuelta, y vuelven a cruzar, y la ansiedad y perseverancia que evidencian en su conducta parece decir: “¡caramba!, ¡yo estoy segura de que aquí había una plataforma!”. Un elemental y primitivo “acto de fe”.

Magia, pseudociencia y ciencia (I)

El pasado mes de enero, la revista de cubana Juventud Técnica (JT), publico un trabajo (en cuatro partes) de la autoría de los Doctores en Ciencia Jorge A. Bergado Rosado y William Almaguer Melián, ambos pertenecientes al Centro Internacional de Restauración Neurológica, CIREN; bajo el sugerente título Magia, pseudociencia y ciencia. Una reflexión desde la Neurobiología; en el cual hacen un acercamiento a un tema que en los últimos años ha cobrado nuevos bríos, y que en este blog ha sido tratado en alguna que otra oportunidad.

A partir del día de hoy, y durante cuatro días consecutivos, pondremos a su consideración este trabajo, el cual fue presentado por JT bajo la siguiente nota:

La revista Juventud Técnica pone a disposición de los lectores un material que polemiza sobre el lugar de la ciencia en la sociedad actual. A tono con los debates que se suceden en el país, en torno a la nueva política económica y social, el artículo aporta criterios que contribuirán con la reflexión colectiva.

Magia, pseudociencia y ciencia.
Una reflexión desde la Neurobiología (I Parte)

Por DrC. Jorge A. Bergado Rosado y DrC. William Almaguer Melián (Centro Internacional de Restauración Neurológica, CIREN)

Volando hacia Europa, hace algunos años, tocó de vecino a uno de los autores un joven cubano de aspecto profesional. Fue el último en abordar y en el obligado diálogo que imponen diez horas de vuelo, el autor-viajero le recordó que había estado a punto de perder el avión. Respondió que se había demorado, pues había confrontado problemas de sobrepeso al despachar su equipaje. Respuesta sorprendente, porque nosotros solemos tener esos problemas al regreso, pero no a la ida. Ante el asombro, aclaró: “Es que viajo con todos mis santos”.
Pero la sorpresa fue aún mayor cuando, en el curso de la conversación, fue revelando que era graduado de Historia en la UH y ex profesor de esa asignatura en una escuela superior. Sobre su recién descubierta fe en los cultos africanos dio una explicación: la caída del campo socialista le había quitado el piso de debajo de sus pies, la santería le había salvado. Le había devuelto un asidero, algo en que creer, algo en que confiar.
Hace menos tiempo, un reportaje de una televisora alemana seguía paso a paso los andares de una ciudadana de ese país centroeuropeo, que venía a Cuba a “hacerse el santo”. Venía acompañada de su esposo quien lo había hecho ya el año pasado.
Meditando sobre esos dos sucesos nos preguntábamos ¿cómo es posible?, ¿cómo puede ser que personas educadas e instruidas terminen abandonando toda racionalidad y ciencia para adscribirse a prácticas mágicas?
Concluíamos que estos casos son solo ejemplos, aunque no aislados, de cómo sobreviven en los seres humanos creencias superadas tan solo en apariencia. Queremos, en este artículo, intentar explicar qué factores hacen a las personas, aún a las más modernas y cultas, presas de supersticiones y ritos.
Haremos algunas consideraciones acerca de las características del pensamiento científico para evidenciar su condición de construcción cultural y presentaremos argumentos para mostrar las bases biológicas que nos hacen vulnerables ante el embate de creencias atávicas.
La ciencia y sus orígenes
La ciencia, surgida en el alba de una nueva era, de renacimiento intelectual, hereda de la magia la motivación inicial, conocer la naturaleza para utilizarla en nuestro beneficio; pero a diferencia de esta solo utiliza conocimientos confirmados por un método riguroso y efectivo, recurso poderoso y creativo: el del Método Científico.
Dos factores sirvieron de impulso a este desarrollo nuevo y único. Uno, económico: el capitalismo naciente necesitaba conocimientos confiables para hacer mover sus máquinas de modo cada vez más eficaz y más eficiente. El otro, ideológico: del enfrentamiento entre racionalismo y empirismo se erguía vencedor el segundo. Un hombre sintetizó en su accionar las bases fundacionales de la ciencia moderna: Galileo.
El papel del capitalismo naciente en el desarrollo inicial de las ciencias ha sido objeto de análisis en innumerables y enjundiosos estudios con los que no pretendemos emular. En un marco más restringido la pugna entre racionalismo y empirismo ha sido objeto de profunda revisión por la filosofía. Solo una nota para recordar en qué consistía ese antagonismo del cual nació la ciencia.
El racionalismo de aquella época heredaba toda la tradición filosófico-matemática anterior de la cultura greco-latina y tenía respaldo en la iglesia católica, apoyada en sus dos colosos: Agustín de Hipona y Tomás de Aquino. El objeto del conocimiento es Dios; la ciencia -por otra parte empeño menor- es Aristóteles y Aristóteles es la Ciencia. Amén. Los conocimientos se obtienen por medio de la reflexión, la introspección, el pensamiento. La razón es el instrumento que (regalo divino) permite a los hombres comunicarse con Dios y obtener la forma más pura y alta de verdad: la verdad revelada.
La práctica, la experiencia, la empiria, solo tenían cabida en este teocrático proceso intelectual, como fuente de observaciones lúcidas que solo el Señor podría confirmar poniendo ideas claras en la mente de sus elegidos.
Los empiristas, por el contrario, ponían todo el valor en la experiencia, en los hechos. Galileo aplicó este principio como método para obtener conocimientos confiables, más allá de la lógica. Impuso a sus ideas la verificación por medio de algo que ha venido a ser la piedra angular de todo el desarrollo científico posterior: el experimento. La observación y el razonamiento solo son fuente de ideas, ideas concretadas en forma de hipótesis, que experimentos diseñados ad hoc habrán de comprobar o negar. Para el creyente la más grande verdad es la verdad revelada; para el científico es la hipótesis comprobada.
Para comprobar es necesario medir y cuantificar. Midiendo y cuantificando Galileo comprobó la verdad de la teoría cosmogónica copernicana. La confirmación de esta hipótesis casi le cuesta la vida y dejó para la Historia una frase que no dijo y que es el summum del pragmatismo: e pur si muove.
Menos conocidos, pero más importantes, fueron los experimentos galileanos de cinemática, la rama de la física que se ocupa del movimiento de los cuerpos. Midiendo y comparando los tiempos de caída de los cuerpos dio origen a la mecánica y con ella fundó la física, madre de todas las ciencias naturales. El mejor razonamiento, la hipótesis más lógica, no se constituyen en verdades hasta que sean confirmados experimentalmente; es decir, en la práctica.
Estos experimentos son el modelo que se impondrá en las ciencias naturales. De la física se extenderá a otras ramas. La química nacerá de la alquimia y la biología, completado en lo esencial el inventario de seres vivos por Linneo, y conocidos los órganos del cuerpo, podrá ahora preguntarse: ¿cómo funciona? Los conocimientos así obtenidos serán incorporados en forma de teorías científicas, pero este no es el final.
Las teorías sirven para hacer predicciones que pueden, a su vez, ser verificadas o negadas por nuevos experimentos. Sirven también para desarrollar nuevas máquinas y tecnologías, nuevos medicamentos y tratamientos, cuyo buen o mal funcionamiento seguirá aportando elementos de verdad o falsedad a la teoría que las sustenta.
La Ciencia es un proceso interminable, cambiante siempre ante los nuevos hechos que nuevas técnicas permiten descubrir; solo un elemento permanece inalterable: la práctica, la experiencia, la empiria como criterio último de la verdad.
Destacar el papel del Galilei no niega el gran aporte de otros muchos que le antecedieron, o compartieron con él los elementos fundacionales de la Ciencia Moderna. Una forma de hacer y de pensar, que no es intuitiva, ni primitiva, ni biológica, ni compartida con especie alguna.

Se abre foro bara debatir sobre la polémica ciencia vs seudociencia

En la página oficial del CNEA en Facebook, quedó abierto un Foro para debatir acerca de la polémica existente entre la ciencia y la llamada seudociencia, en todos los aspectos del mundo científico.
En los últimos tiempos, la seudociencia ha ido adquiriendo un enorme poder, muchas veces apoyado por grandes medios de comunicación, al extremo que en ocasiones se «vende» como la solución a varios problemas del hombre, por encima de los métodos más tradicionales u ortodoxos.
No pocos científicos del mundo, incluido nuestro país, han mostrado preocupación ante este fenómeno pues, si algo hay que reconocer es que éste resulta mucho más atractivo para el ciudadano medio que lo que puede resultar la explicación científica dada por un Premio Nobel; y en ocasiones se muestra como la «solución a todos los problemas».
Los invitamos pues a dar su opinión sobre el tema.