Se vive en una época donde la información se ha convertido en uno de los recursos más valiosos del planeta. Al navegar por internet, utilizar una aplicación móvil o realizar una compra en línea, se generan datos que se recopilan, analizan y, en muchos casos, son vendidos a terceros por personas que no valoran la privacidad de los datos. Esta ya no es solo una preocupación técnica para expertos en informática, sino una cuestión fundamental que afecta a todos los ciudadanos del mundo digital. Explorar de manera clara y accesible qué se entiende por privacidad de datos, por qué es importante protegerla, y qué medidas se pueden aplicar para salvaguardarla información personal en un entorno tecnológico cada vez más complejo e interconectado son la tarea de orden en la era de la ciberseguridad como tarea de todos.
Para comprender mejor el problema debe iniciarse por definir que se entiende por privacidad de los datos. Esta debe ser vista como un derecho fundamental que protege la capacidad de las personas para controlar quién tiene acceso a su información personal, cómo se utiliza esa información y con quién se comparte. En términos simples, la privacidad de los datos significa que cada individuo tiene el derecho de decidir qué aspectos de su vida personal desea mantener fuera del alcance público y qué información está dispuesto a compartir con terceros, ya sean empresas, instituciones gubernamentales o incluso amigos y conocidos.
La privacidad de la información abarca múltiples dimensiones que van más allá de la simple protección de datos personales. Estas dimensiones, que integran los pilares de la seguridad informática, son:
Confidencialidad: Garantiza que la información solo sea accesible para aquellas personas o entidades autorizadas para conocerla. Cuando se comparten datos de cualquier tipo con instituciones, se espera que esa información permanezca confidencial y no sea divulgada a terceros sin consentimiento explícito.
Integridad: Se refiere a la exactitud y completitud de los datos, así como a su protección contra modificaciones no autorizadas. La información personal debe mantenerse tal como se proporciona, sin alteraciones que puedan distorsionar la identidad o los registros de los datos aportados.
Disponibilidad: Asegura que los datos estén disponibles cuando se requieran. Aunque pueda parecer contradictorio con la privacidad, es fundamental que se pueda acceder a la información cuando se necesites, tal como ocurre con historiales médicos o registros financieros.
Autodeterminación informativa: Este principio establece que cada persona tiene el derecho fundamental a decidir qué información personal desea compartir, con quién y bajo qué circunstancias. Es la base legal y de la filosofía de la privacidad de datos en la era moderna.
Para comprender en toda su extensión la privacidad de datos, es esencial distinguir los diversos tipos de información personal que se genera en la vida digital. Los datos de identificación personal incluyen información básica como el nombre completo, número de documento de identidad, dirección postal y número de teléfono. Estos datos sirven para identificar directamente a la persona y son el punto de partida para cualquier perfil digital que pudiera crear.
Los datos financieros constituyen otra tipología crítica que incluye información sobre cuentas bancarias, historial crediticio, transacciones económicas y patrones de consumo. Esta información es especialmente sensible porque su exposición puede conducir a fraudes, robo de identidad o incluso a la extorsión.
Por otro lado, los datos de salud que abarcan el historial médico, diagnósticos, tratamientos, datos genéticos y cualquier información relacionada con el bienestar físico y mental. La exposición no autorizada de estos datos puede tener consecuencias graves. Puede conducir a la discriminación laboral por problemas de salud y llegar a generar problemas con los seguros médicos.
Finalmente, los datos de comportamiento digital que incluyen el historial de navegación, preferencias de consumo, interacciones en redes sociales, ubicaciones geográficas visitadas y patrones de uso de aplicaciones. Aunque estos datos pueden parecer inocuos de forma individual, cuando se integran y analizan en su conjunto, pueden revelar información sorprendentemente detallada sobre la personalidad, su comportamiento, hábitos, relaciones interpersonales e incluso para determinar posible intenciones futuras. Esta es precisamente la razón por la cual las grandes empresas tecnológicas valoran tanto estos datos: le permiten crear perfiles predictivos extremadamente precisos sobre los usuarios.
La protección de la privacidad en en el manejo de las TIC requiere considerar múltiples aspectos que inician con la configuración técnica de los dispositivos y se extienden hasta la comprensión de los marcos legales que regulan el tratamiento de datos personales. A continuación, se exploran los elementos fundamentales a tomar en cuenta para salvaguardar la privacidad en el entorno digital.
Desde una perspectiva técnica, la protección de la privacidad comienza con la implementación de medidas de seguridad robustas que pasan por la autenticación fuerte basada en contraseñas robustas y el uso de la autenticación multifactorial (MFA), para reducir el riesgo de accesos no autorizados.
El cifrado de datos representa otra medida técnica fundamental. Cuando los datos están cifrados, incluso si un atacante logra acceder a ellos, no podrá leerlos sin la clave de descifrado. Es importante buscar servicios que ofrezcan cifrado de extremo a extremo para comunicaciones sensibles, y utilizar conexiones seguras (HTTPS) para transmitir información personal por internet. A esto se añade la necesidad de mantener actualizados los sistemas operativos, aplicaciones y programas de seguridad, para cerrar el paso a ya que las vulnerabilidades que podrían ser explotadas por ciberdelincuentes.
Desde el punto de vista técnico legal, el marco normativo de la protección de datos ha evolucionado significativamente en las últimas décadas. En Cuba, por ejemplo, apareció hace un tiempo, la ley protección de datos personales (Ley 149/22) que garantiza a la población cubana el control sobre sus datos y evita cualquier invasión en la transmisión de sus derechos personales sean íntimos o no. Esta ley fue aprobada en mayo de 2022 en la asamblea nacional y publicada en la Gaceta Oficial en agosto de ese propio año en la edición ordinaria 90.
En Europa existe una ley al respecto que establece estándares rigurosos para el tratamiento de datos personales, incluyendo el derecho al olvido, el derecho a la portabilidad de datos y el principio de minimización de datos. En América Latina, países como Argentina, Brasil, Colombia y México han desarrollado sus propias legislaciones de protección de datos personales, muchas de ellas inspiradas en el modelo europeo.
Es importante conocer los derechos de las personas como titulares de datos personales: el derecho de acceso permite conocer qué datos las organizaciones; el derecho de rectificación que permite corregir datos inexactos o incompletos; el derecho de cancelación u oposición que hace posible solicitar la eliminación de los datos o la negación a su tratamiento; y el derecho a la portabilidad permite recibir los datos en un formato estructurado para ser transferidos a otro servicio. Conocer y ejercer estos derechos es fundamental para mantener el control sobre la información personal.
La protección de la privacidad no depende exclusivamente de medidas técnicas y legales; también requiere de su uso consciente a nivel social y cambios en comportamientos digitales. La ingeniería social, que incluye técnicas como el phishing, representa una de las mayores amenazas para la privacidad de los datos. Los ciberdelincuentes suelen explotar la confianza, la urgencia o el miedo de las personas para convencerlas de revelar información confidencial o realizar acciones que comprometen su seguridad.
El concepto de «huella digital» resulta fundamental en este contexto. Cada acción que se realiza en internet deja un rastro que, en conjunto, conforma una identidad digital. Las publicaciones en redes sociales, comentarios en foros, compras en línea, búsquedas en internet: todo contribuye a construir un perfil que puede persistir durante años e incluso décadas. Ser conscientes de esta huella y gestionarla activamente es esencial para proteger la privacidad y la reputación a largo plazo.
Una pregunta frecuente entre los usuarios de las TIC es por qué debe haber preocupación por la privacidad de datos de otros usuarios cuando el principal interés debe ser proteger los datos propios. Esta perspectiva individualista, aunque comprensible, ignora la naturaleza de interconexiones del ecosistema digital en el que se desenvuelven las acciones de las personas. La privacidad de datos no es un asunto puramente individual, sino un bien colectivo cuya protección requiere la participación activa de todos los miembros de la sociedad digital. Lo que pasa con los datos de otros, le puede pasar a los propios, por ello exigir que se cumplan las normas de protección es esencial.
En el mundo digital, los datos están vinculados, de manera intrínseca, con los datos de otras personas. Cuando se etiqueta a alguien en una fotografía de redes sociales, se esta compartiendo información sobre esa persona sin su consentimiento explícito. Cuando se permite que una aplicación acceda a la lista de contactos, se está exponiendo información de terceros que nunca aceptaron los términos de servicio de esa aplicación. Cuando se participa en conversaciones grupales o correos electrónicos colectivos, la información de todos los participantes queda expuesta a las mismas vulnerabilidades.
Como se aprecia, esta interconexión significa que la violación de la privacidad de una persona puede tener un “efecto dominó” que afecte a múltiples individuos. Un ataque a una cuenta de correo electrónico puede revelar conversaciones que involucran a docenas de personas. La filtración de una base de datos corporativa puede exponer información de millones de clientes, empleados y proveedores. Incluso, algo tan simple como reenviar un mensaje privado sin permiso, puede comprometer la confianza y la privacidad de quien originalmente envió esa comunicación.
Más allá de las consideraciones prácticas, existe una dimensión ética fundamental en la protección de la privacidad de terceros. Respetar la privacidad de los demás es una expresión de respeto por su dignidad y autonomía como personas. Cada individuo tiene derecho a controlar su propia información personal, y cuando, consciente o inconscientemente, no se establece un compromiso con esa información, se está vulnerando un derecho fundamental de las personas.
Esta responsabilidad ética se extiende al rol como ciudadano digital. En la sociedad, la privacidad individual es un pilar fundamental que permite la libre expresión, la libre asociación y el desarrollo de la personalidad sin vigilancia constante. Cuando se contribuye a erosionar la privacidad de los demás, se participa en la degradación de un valor esencial, que eventualmente perjudicará a todos. La vigilancia masiva, la recopilación indiscriminada de datos y la normalización de la exposición permanente de la vida privada son tendencias que afectan colectivamente, con independencia de cuán cuidadoso se pueda ser en lo individual con los datos propios.
Proteger la privacidad de los usuarios de las TIC contribuye a construir una cultura de la privacidad más robusta en toda la sociedad. Cuando se respetan los datos de terceros, se envía un mensaje claro sobre la importancia de este valor y se establece un estándar de comportamiento a seguir a nivel social. Por el contrario, cuando se hace norma la exposición de datos ajenos, se participa en la devaluación social de la privacidad, lo que eventualmente se traduce en prácticas comerciales más intrusivas, legislaciones más permisivas y una mayor tolerancia social hacia las violaciones de datos.
La construcción de esta cultura incluye acciones concretas: pedir consentimiento antes de compartir información de terceros, verificar que las personas estén cómodas con el nivel de exposición en fotografías o publicaciones, rechazar participar en la difusión de información privada sin autorización, y educar a amigos y familiares sobre la importancia de la privacidad digital. Cada una de estas acciones, aunque parezcan una nimiedad, contribuyen a un entorno digital más respetuoso y seguro para todos.
Mantener la privacidad en el entorno digital requiere un enfoque sistemático que combine medidas preventivas, que anticipan y evitan posibles violaciones, con acciones proactivas, que permiten mantener el control activo sobre los datos. Este enfoque dual es esencial porque la privacidad no es un estado que se alcanza una vez y se mantiene automáticamente, sino un proceso continuo de vigilancia y adaptación ante un entorno tecnológico en constante evolución.
Las acciones de prevención se centran en anticipar los riesgos y establecer barreras antes de que se materialicen las amenazas. Para ello, los pasos a seguir en la prevención son:
Minimizar la exposición de datos, que implica que antes de proporcionar cualquier información personal, cada persona se debe preguntar si es realmente necesario. Cuantos menos datos se comparten, menor será la superficie de vulnerabilidad. Esta práctica, conocida como minimizar los datos, no solo es un principio ético sino también una estrategia práctica de protección, que funciona de forma similar al principio de la menor área de exposición en redes.
Evaluación de políticas de privacidad, que plantea la necesidad de que antes de realizar el registro en un servicio o descargar una aplicación, se deben revisar las políticas de privacidad. Aunque estos documentos suelen ser extensos y técnicos, se debe prestar especial atención a qué datos se recopilan, cómo se utilizan, con quién se comparten y qué derechos se poseen como usuarios. Si una política parece intrusiva o inaceptable, la acción preventiva más efectiva es simplemente no utilizar ese servicio.
Configuración de privacidad desde el inicio es atender el hecho que cada vez que se crea una cuenta en un servicio digital, se debe revisar inmediatamente la configuración de privacidad. La mayoría de los servicios establecen por defecto configuraciones que favorecen la exposición de datos, ya que esto beneficia sus modelos de negocio. Se deben cambiar estas configuraciones para limitar la visibilidad de la información, restringir el acceso a terceros y desactivar funciones de rastreo innecesarias.
Uso de herramientas de protección que pasa por la instalación preventiva de herramientas de protección es esencial. Esto incluye navegadores orientados a la privacidad como Firefox o Brave, extensiones bloqueadoras de rastreadores, redes privadas virtuales (VPN) proporcionadas por las organizaciones para proteger conexiones sensibles, y gestores de contraseñas que faciliten el uso de credenciales únicas y robustas para cada servicio. Estas herramientas actúan como escudos que nos protegen automáticamente de muchas amenazas comunes.
Las acciones proactivas implican un compromiso continuo con la gestión de la privacidad digital, que van más allá de las medidas preventivas antes mencionadas. Entre las prácticas para una actuación proactiva en la privacidad de los datos se deben atender los siguientes aspectos:
Revisión periódica de cuentas y permisos: Con cierta periodicidad, debe ser práctica personal realizar una auditoría de las cuentas digitales personales. Es como una especie de autocontrol. De esta manera se podrá precisar las aplicaciones tienen acceso a los datos, los permisos que se han otorgado, los servicios que no están en uso pero mantienen aún información personal. En fin, la tarea es reducir los riesgos y revocar accesos innecesarios, pero también eliminar cuentas inactivas lo que reduce la exposición y el riesgo de que datos antiguos sean comprometidos.
Monitoreo de la exposición de datos: Existen servicios que permiten verificar si el correo electrónico o los datos personales han sido expuestos en filtraciones conocidas. La utilización regular de estos servicios y la actuación rápida cuando se detecta una exposición, es una práctica proactiva esencial para minimizar el daño de las violaciones de datos. Las principales acciones al respecto son el cambio contraseñas, activación de alertas de fraude, notificación a instituciones financieras.
Ejercicio activo de derechos de datos: No basta con conocer los derechos que se poseen; es necesario ejercerlos activamente. La solicitud de acceso a los datos personales, la rectificación de información incorrecta, la exigencia de eliminar datos innecesarios y la oposición a tratamientos que se consideren inapropiados, son acciones que permiten el retorno del control sobre la información a sus propietarios y envían un mensaje a las organizaciones sobre la importancia que se otorga a la privacidad.
Educación y actualización continua: El panorama de amenazas a la privacidad evoluciona constantemente. Nuevas tecnologías, nuevas técnicas de ataque y nuevos marcos regulatorios surgen regularmente. Es esencial en la seguridad de la información en general y en la protección de la información y los datos mantener una política de información continua a través de fuentes confiables. Para ello, la participación en comunidades ocupadas en la privacidad y en la educación del entorno de buenas prácticas, son acciones proactivas esenciales que fortalecen la defensa personal y de la comunidad frente a los riesgos digitales.
Pero incluso teniendo las mejores medidas preventivas y proactivas, pueden producirse incidentes que comprometan la privacidad. Este aspecto debe estar incluido en los protocolos de respuesta definido y permite actuar con rapidez y minimizar el daño. Este este caso se debe incluir, en primer lugar, la identificación del alcance del incidente, los datos que han sido comprometidos, las cuentas o servicios afectados y si hay terceros que puedan estar involucrados.
Una vez identificado el alcance, se debe proceder a la contención del incidente. Esto puede incluir el cambio inmediato de contraseñas, la desactivación temporal de cuentas, la desconexión de dispositivos comprometidos y la notificación a servicios financieros si hay datos bancarios involucrados. La notificación a las autoridades competentes y a las personas afectadas, si se han expuesto datos de terceros, debe realizarse de acuerdo con los marcos legales aplicables. Finalmente, se debe documentar el incidente y aprender de la información que nos deja para fortalecer las futuras medidas de protección.
La privacidad de los datos en la era digital no es un lujo ni una preocupación paranoica, sino un derecho fundamental que requiere atención y acción constante sobre los múltiples aspectos que debemos considerar para proteger la información y los datos personales y de la comunidad desde una óptica preventiva y proactiva, como expresión de que la seguridad de la información es tarea de todos.
El desafío es significativo en un ecosistema digital diseñado frecuentemente para maximizar la recopilación de datos y minimizar el control de los usuarios. Sin embargo, con conocimiento, herramientas adecuadas y una cultura de respeto por la privacidad, se puede incursionar en el mundo digital manteniendo el control sobre la información personal. La privacidad no es un objetivo que se alcanza de una vez para siempre, sino un proceso continuo de aprendizaje, adaptación y acción donde cada pequeño gesto cuenta: un ajuste de configuración de privacidad, un dato que no se comparte, una conversación con amigos y familiares sobre la importancia de proteger nuestra información digital. En fin, la construcción de un entorno tecnológico más respetuoso de la dignidad y autonomía humana.
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MSc. Rubén Font Hernández